El ministro hace repaso de la situación económica en los Desayunos de Europa Press

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Buenos días a todos,

La verdad es que es un placer estar aquí hoy y desde el principio puedo decir que estéis tranquilos, que este discurso va a ser en español.

Quería empezar agradeciendo a Europa Press la deferencia de tener este gran altavoz hoy, siendo además el último antes de verano, para compartir este rato, espero que entretenido y agradable, con vosotros. Esto además es una manera estupenda de empezar la semana y, como suelo decirle a mi equipo: por fin es lunes, así que vamos con ello.

Es un lunes particularmente bueno, porque tuvimos también ayer con los resultados de las elecciones en Francia un final de semana particularmente positivo. Uno de los grandes países europeos ha optado por seguir el camino que empezamos aquí hace ya más de un año, rechazando a la ultraderecha y apostando por un modelo de gobierno que defiende las políticas sociales y sitúa a las personas en el centro de la toma de decisiones. Es algo que ha supuesto un gran alivio para la mayoría de europeístas, tanto en Francia como fuera de ese país, así que tenemos que congratularnos.

Para empezar, me gustaría hacer una introducción resaltando el buen contexto “macro” actual, resaltando que España está creciendo en 2023 un 2,5%, creando casi 800.000 puestos de trabajo, mientras además de manera simultánea veníamos reduciendo deuda y déficit con respecto a nuestro PIB, con una inflación que se iba moderando desde el 10% que se alcanzó a mediados del año 2022, en lo peor de la crisis inflacionaria de Ucrania, hasta valores en el entorno de 3% como estamos actualmente, y además manteniendo ese superávit por cuenta corriente de la balanza comercial.

Los datos que conocemos ya de 2024 nos hablan de ese mantenimiento del pulso, de una situación económicamente que continúa por esa misma buena senda en este primer semestre de 2024.

Pero déjenme remontarme a hace apenas dos años, cuando muchos -y cuando digo muchos, son muchos- pronosticaban que a España le iba a resultar muy difícil escapar a una ralentización o incluso a una recesión. Cuando estábamos aun recuperándonos de las consecuencias de la pandemia, la guerra en Ucrania y la disrupción de las cadenas de valor globales generaron un repunte inflacionario no visto en las últimas décadas al que los bancos centrales respondieron con una subida decidida de los tipos de interés.

Históricamente, la economía española ha sido muy sensible a las crisis internacionales e incluso ha tendido a amplificar sus ciclos. Sobre esta base, y ante el impacto que se temía que tuviera esa doble crisis, se fue generando un relato pesimista acerca de las perspectivas de nuestro país.

Sin embargo, dos años después, podemos decir hoy que esta vez ha sido distinto. La economía española ha resistido a estos choques creciendo a tasas muy superiores a las grandes economías europeas asentada en una robusta creación de empleo y en la fortaleza de nuestro sector exterior.

Pese a ser inicialmente una de las economías más afectadas por el COVID, España ya ha recuperado a finales del 2023 el nivel de la zona euro, creciendo más de cinco veces por encima de nuestros socios ese año, y creando casi cuatro de cada 10 de empleos que se crearon en la Unión Europea, creándolos aquí en España en el 2023.

Entre todos, y digo bien entre todos, hemos conseguido evitar estos peores escenarios que algunos auguraban. Es más, estamos también transformando las perspectivas a futuro. En las últimas semanas, últimos meses incluso, hemos visto cómo organismos de referencia tanto a nivel nacional como internacional han ido, no sólo confirmando estas buenas expectativas de crecimiento, sino que además han situado a España en un puesto de liderazgo en términos de crecimiento dentro de las grandes economías europeas para este año y para el año que viene. Son buenas perspectivas también a futuro.

Si aterrizamos, sin embargo, en las perspectivas de los ciudadanos, cuando miramos en el CIS cuál es la valoración de los españoles tanto de su situación económica personal como de la situación económica agregada, vemos que hay una cierta disparidad. Dos tercios de los españoles valoran su situación económica personal como buena o muy buena. Sin embargo, apenas un tercio valora la situación económica general como buena o muy buena. Este fenómeno no solo es nacional, también se da en Europa o incluso en Estados Unidos, donde en 2022 se acuñó el término “vibecession”, una recesión de los sentimientos, una recesión de las expectativas que no iba acorde a los datos.

¿Qué está pasando entonces? ¿cómo explicamos la prevalencia de este relato pesimista sobre la economía cuando los datos están apuntando en realidad en otra dirección? Déjenme señalar dos posibles motivos:

En primer lugar, me gustaría señalar el sesgo negativo en la información que les llega a los ciudadanos. Me explico: los titulares de prensa negativos atraen más clics, esto es indudable. De hecho, ya tenemos por ejemplo las aportaciones de hace tiempo del Premio Nobel Daniel Kahneman donde habla de concepto de escudo evolutivo, es decir, una percepción en los ciudadanos que genera una asimetría entre el poder de las expectativas o experiencias positivas y negativas. Tendemos a prestarle más atención a las expectativas, a los elementos negativos o de riesgo frente a los elementos positivos. Hay un elemento de demanda de este tipo de noticias.

Además de esto, los analistas pesimistas, y esto es curioso, pero también es cierto, parecen más inteligentes. Hace cuarenta años esto ya lo descubrió la psicóloga Teresa Amabile, que nos hablaba del incentivo a la crueldad según el cual los individuos pesimistas y negativos parecen mejor informados y más inteligentes. Por no hablar también del foco de la discusión política, que tiende irremediablemente a alejarse de aquellas áreas que no dan lugar a discusión, aquellas en las que los datos son tozudos e irremediablemente positivos.

¿Qué hacer ante este sesgo en la información? A mí, en lo que me toca, seguir resaltando cada vez que puedo que las buenas noticias también tienen que ser noticia. Las revisiones al alza de los analistas son un síntoma inapelable del buen comportamiento de nuestra economía, que no solo ha hecho frente a este doble shock creciente sin cicatrices estructurales, sino que además va poco a poco corrigiendo las cicatrices, el legado de la crisis financiera.

Por primera vez en nuestra historia económicamente reciente, crecemos y nos modernizamos sin acumular desequilibrios macroeconómicos. Con superávit comercial de la balanza comercial. Con creación de empleo, empleo además de mayor calidad. Y con una moderación progresiva de la inflación. De hecho, hace apenas unas semanas tuvimos una valoración por parte de la Comisión Europea de la situación del conjunto de los Estados miembros. Aquí, y esto hay que señalarlo cada vez que podamos, España está en el grupo de los alumnos de buen comportamiento. Es decir, España está en el grupo de aquellos países que no presentan desequilibrios macroeconómicos y que tampoco presentan un déficit público excesivo. Estamos experimentando un patrón de crecimiento equilibrado y, por lo tanto, más sostenible, que está siendo compatible, y esto de nuevo hay que remarcarlo, con combatir la desigualdad, descarbonizar nuestra economía y lograr la sostenibilidad de las cuentas públicas, que son objetivos que muchas veces se han contrapuesto y que ahora se encuentran en un círculo virtuoso, todos ellos avanzando en la buena dirección.

Hablábamos primero del sesgo negativo de la información que llega a la ciudadanía, pero hay más elementos que pueden explicar esta disonancia entre la percepción que tienen los ciudadanos de su situación económica y la de la economía en general.

Otro elemento que me gustaría señalar es que tenemos un elemento o una evolución en paralelo de los precios, que suele tener un impacto tangible en la percepción psicológica de cómo va la evolución por parte de los hogares. El nivel de precios del coste de la vida, o como dicen ahora en Estados Unidos “it's the inflation, stupid”. Es decir, tenemos que ser conscientes del impacto que está teniendo este episodio inflacionista en el coste de la vida y en la percepción de los ciudadanos.

Tras dos años de subidas continuas de los precios, incluso llegando a dos dígitos la inflación a mediados del 2022, la moderación de la inflación se está consiguiendo. Sin embargo, los niveles de precios siguen elevados y algunos componentes esenciales de la cesta de la compra se han visto especialmente afectados. Productos de alimentación básica, electricidad, hipotecas y, por supuesto, alquileres. Y un verdadero modelo de crecimiento equilibrado tiene que ser capaz, por supuesto, de llevar la buena evolución de las cifras “macro” a lo “micro”, aterrizarla reduciendo desigualdades y asegurando la cohesión social para, de nuevo, ser sostenible en el tiempo.

Miremos aquí qué es lo que ha pasado en España. En términos relativos, sabemos que España ha creado empleo por encima de nuestros pares y ha sabido contener mejor el shock de precios. De hecho, si vemos la inflación acumulada en España con respecto a la zona euro, es menor. En gran medida, por supuesto, gracias a las medidas de apoyo, también a las rentas de los hogares, incluido el Ingreso Mínimo Vital, subida del Salario Mínimo Interprofesional, como dos grandes ejemplos. Me alegra por supuesto tener aquí a la ministra de Inclusión y Seguridad Social, como gran reflejo de estas medidas de apoyo y de cohesión social.

La respuesta “macro” por lo tanto a este fenómeno ha tenido un impacto directo en lo “micro”, apoyando el poder adquisitivo de las familias. Los últimos datos publicados por la OCDE confirman que los españoles no sólo están recuperando el poder adquisitivo prepandemia, sino que esa recuperación está por encima de la de nuestros principales socios. La renta real disponible por hogar creció entre el cuarto trimestre de 2019, es decir, prepandemia, y el último trimestre de 2023 un 3,4%, por encima de países como Alemania, Francia o Italia y cerca del promedio del G7, es decir, de las grandes economías avanzadas. Estos últimos datos de renta real disponible por hogar de España, además, no llevan a niveles previos incluso a la gran crisis financiera, a niveles de 2007.

Más allá de esto, ¿qué está pasando también a nivel “micro”? Entre 2018 y 2023 la proporción de jóvenes entre 15 y 24 años que ni cursan estudios, ni están empleados ni reciben capacitación se ha reducido muy significativamente. Del 12,5% en 2018, a apenas un 9,9% al cierre del año 2023. Todo esto, de nuevo, en un contexto de pandemia y crisis de inflación.

Además, el número de hogares con todos sus miembros en paro también se ha reducido, situándose a cierre de 2023 por debajo del millón, y los hogares con todos sus integrantes ocupados alcanzando máximos históricos, con casi 11,7 millones de hogares en 2023.

Destaquemos también que estamos en un contexto de mínimos en cuanto al desempleo juvenil, en un contexto en el cual el empleo de los jóvenes está mostrando un dinamismo por encima que el promedio, con un aumento de casi el 16% desde el año 2019, unos 6 puntos más que el promedio, y del 16,3% desde la puesta en marcha de la reforma laboral, más del doble que el incremento del empleo total.

Por supuesto, somos conscientes de que todavía queda mucho camino por avanzar, pero estos sesgos negativos que identificábamos al inicio no deben hacernos obviar estas mejoras que vienen corroboradas por los datos, tanto a nivel “macro” como “micro”.

Permítanme detenerme en un elemento junto a lo “macro” y lo “micro” que es fundamental, y que es el acceso a la vivienda como gran reto de legislatura.

El buen funcionamiento del mercado de la vivienda no sólo es clave en el modelo de crecimiento, por el impacto que tiene en la inversión, en la movilidad del capital humano o en la eficiencia también en el mercado laboral, sino que además es clave en algunos aspectos fundamentales para nuestros jóvenes como su emancipación, sus perspectivas vitales o las decisiones tan clave en su vida como la formación de una familia.

Este elemento es un tema que estamos abordando desde una perspectiva integral en el Gobierno, que aglutina medidas tanto por el lado de la demanda, como por el lado de la oferta. Déjenme hacer un listado rápido, para que seamos conscientes de todo el esfuerzo que estamos haciendo en este ámbito.

Por el lado de la oferta, destacarían elementos como:

o Licencias simplificadas que estamos empujando para que los promotores no encuentren dificultades a la hora de obtener la financiación necesaria para llevar a cabo esas grandes promociones.

o El incremento también, por otra parte, del parque de alquiler asequible con apoyo de la SAREB, que, en el último año y medio, desde la entrada en funcionamiento del Programa de Alquiler Social y Acompañamiento ha aprobado más de 7.000 alquileres sociales, permitiendo que 2.700 de estos inquilinos pasen a formar parte además de un programa de inserción laboral. De hecho, cuando hablamos con los beneficiarios de estos programas, tenemos un cambio en la percepción de lo que supone la SAREB, alejándonos ya de ese concepto de “banco malo” y muchos de ellos señalándonos que estamos ante el “banco bueno”. Es decir, un elemento reputacional muy importante que da fe de este cambio en la atención a los ciudadanos y en la atención al impacto social de los activos de SAREB que está teniendo en los últimos dos años. Además, tenemos el proyecto Viena de SAREB, que pondrá a disposición de los ciudadanos alrededor de 15.000 viviendas de alquiler asequible en los próximos años.

o Más elementos de oferta, por supuesto, Plan de Recuperación, a través de la línea ICO-Vivienda, con 4.000M€ para reforzar el parque de vivienda en alquiler social o a precio asequible.

o Eliminación de las Golden Visa, con las que 5000 millones de inversión inmobiliaria en los últimos 10 años han provocado tensiones significativas en algunos mercados y, por lo tanto, han contribuido a exacerbar ese elemento de escasez de vivienda a precios asequibles en algunas ciudades, por ejemplo, ciudades costeras como puedan ser, en el caso de Andalucía, Marbella o incluso Málaga.

o Modificaciones en el alquiler temporal, estableciendo los mecanismos necesarios para evitar el fraude, como ha señalado la ministra de Vivienda en las últimas fechas, protegiendo los alquileres de temporada que realmente lo son y para los que realmente los necesitan, como los estudiantes o los trabajadores temporales.

o Mejoras también en el ámbito de la vivienda turística, empoderamiento de los vecinos por ejemplo para que puedan decidir la implantación de estos alojamientos turísticos en sus fincas residenciales y poniendo en funcionamiento un Registro Único Estatal que aporte transparencia al sistema y permita perseguir el fraude.

Medidas por el lado de la demanda:

o Líneas de 2.500 millones de avales ICO, de compra de primera vivienda para jóvenes menores de 35 años y con menores a cargo también. Relevante en un marco en el que los jóvenes no están pudiendo generar el ahorro suficiente para acceder a su primer crédito y a su primera vivienda.

o Medidas adicionales que dotan de una mayor transparencia: por ejemplo, con los nuevos índices de referencia de precios, que permiten una mejor valoración y orientación de dónde se está situando el mercado del alquiler, en particular en las zonas más tensionadas.

Seguimos trabajando, en definitiva, para hacer frente a este cuello de botella, aunque es conveniente señalar que es un ámbito de competencias compartidas, en el que las distintas administraciones tenemos que seguir poniendo de nuestra parte.

Más allá de esta política económica de corto plazo, lo que tenemos también es una política de medio y largo plazo, de medio y largo recorrido. Es necesario seguir consolidando este modelo de crecimiento equilibrado para hacer frente a los grandes retos de futuro que compartimos con los países europeos:

Mantenimiento del Estado del bienestar.

Descarbonización de nuestras economías.

Adaptación al rápido cambio tecnológico.

Por otro lado, además, tenemos que seguir enfrentando esos grandes retos estructurales que nos son propios, entre ellos:

Alcanzar el pleno empleo, rompiendo esa brecha, esa barrera de un paro estructural en el entorno del 12%,

y cerrando la histórica brecha de productividad con los líderes europeos y mundiales.

Topello, además, en un contexto geopolítico cada vez más complejo, con nuevas exigencias de capacidad y autonomía estratégica que nos permitan tener un elemento de seguridad económica afianzada a futuro. Es decir, casi nada los retos que tenemos por delante.

Todos estos retos los enfrentamos como sociedad y creo que somos conscientes de que en ello nos va mucho y tenemos que contribuir todos desde nuestro ámbito de responsabilidad. Tanto ciudadanos, como por supuesto empresarios.

De hecho, déjenme detenerme un segundo en la perspectiva empresarial y las decisiones que los empresarios tienen que tomar en este contexto para irse adaptando a todas estas transformaciones.

Reflexiones sobre: cómo atraer y retener talento; cómo financiar las inversiones necesarias para ser más productivos, más sostenibles y más competitivos; cómo aprovechar las oportunidades que tienen, que ofrece la internacionalización, para aumentar exponencialmente su mercado potencial. Es decir, preguntas complejas y más en el contexto actual, y aún más complejas para nuestras pymes, que son más del 99% de nuestro tejido productivo, es decir, el corazón de nuestro sector empresarial y que se enfrentan de manera más directa a algunas dificultades que les son propios como la falta de escala, el relevo generacional en la empresa familiar, obstáculos al crecimiento o una compleja red de requisitos administrativos con distintos niveles -nivel europeo, nacional, regional o incluso local-.

En ese sentido, déjenme señalar algunas líneas de actuación por parte del Gobierno para ayudar a ciudadanos y empresas a enfrentarnos a estos grandes retos.

1. La primera, las mejoras estructurales de nuestro mercado laboral. Tenemos, por supuesto, la ya conocida Reforma Laboral, que nos está ayudando a conseguir unas cifras incontestables en términos de cantidad y calidad del empleo, constituyendo uno de los pilares del impulso de nuestro modelo de crecimiento en los últimos años. Los datos de afiliación a la Seguridad Social están en niveles récord y aquí la ministra se encarga de mandarnos vídeos cada vez que hay un nuevo dato para que seamos capaces de distribuir estas buenas noticias.

Los 21,1 millones de afiliaciones en términos desestacionalizados me parecen desde luego una de las grandes noticias de los últimos años. En torno a 10 millones de afiliaciones femeninas, cincuenta meses de crecimiento ininterrumpido, asalariados con contrato indefinido aumentando en 3,6 millones tras la Reforma Laboral, tasa de temporalidad en línea con los principales países europeos, y así podríamos seguir con más y más datos que nos dan fe, por ejemplo, los más de 300.000 empleos creados en términos desestacionalizados en el año 2024, que nos dan fe de este buen comportamiento del mercado laboral en cantidad pero también en calidad.

Para ver la calidad, u otra forma de ver la buena calidad de la creación, podemos mirar también en qué sectores se está generando esta creación de empleo. El empleo ha crecido en mayor medida en aquellas ramas de mayor valor añadido o productividad de los últimos años. Por ejemplo, informática, ramas asociadas a I+D+i, que crecen que así un 50% con respecto al año 2018.

Recientemente, más allá de la Reforma Laboral, hemos seguido avanzando en grandes medidas, grandes reformas que contribuyan a poco a poco ir arañando décimas, ir arañando puntos a esta tasa de paro estructural que ha venido lastrando la economía española en las últimas décadas.

Por ejemplo, la reforma de las prestaciones por desempleo. Es una reivindicación tradicional, la de poder conjugar de manera equilibrada la protección con la empleabilidad de los trabajadores y los incentivos a mantener ese vínculo con el mundo laboral. Esta será desde luego, y así lo dicen los expertos, los analistas, otra reforma que nos ayudará a ir avanzando estimamos que en torno a medio punto en la reducción de esa tasa de desempleo estructural.

Por lo tanto, aunque queda camino por recorrer, son avances que nos están permitiendo poco a poco ir modernizando, ir mejorando, ira avanzando en estos grandes retos que tenemos por delante.

Quizá el principal reto pendiente en este ámbito siga siendo el ajuste entre la oferta y la demanda de cualificaciones, la oferta que tienen nuestros trabajadores y la demanda que van haciendo las empresas, esta demanda de las vacantes que tenemos ahora mismo en nuestro mercado laboral, que además se van actualizando, van modernizándose conforme se va transformando nuestra economía.

El hecho de que conviva ahora mismo una tasa elevada de desempleo con una elevada demanda de determinados perfiles (perfiles comerciales, especialistas en Big Data) es un elemento que tenemos que ser capaces de ajustar.

Nuestro reto como sector público, aquí está muy claro, es un reto de contribución a lo que llaman la cadena de valor del talento, identificando y anticipando esas necesidades formativas que vamos a ir teniendo en los próximos años y desarrollando una oferta formativa acorde, itinerarios y planes formativos que nos permitan también avanzar de manera significativa en este ámbito.

Estamos acometiendo, por ejemplo, una importante reforma, un redimensionamiento de la oferta de Formación Profesional, con 300.000 nuevas plazas previstas ya para el curso que viene o la transformación de ciclos formativos de grado medio y grado superior en ciclos de oferta bilingüe. Esto va a ser decisivo para seguir mejorando no solo las cifras de paro estructural, sino en particular las cifras de paro juvenil.

Otro gran reto, por terminar el apartado laboral, que tenemos por delante, otro gran reto de legislatura es culminar la reducción de la jornada laboral, comprometida en el acuerdo de Gobierno. Si miramos lo que ha sucedido en las últimas décadas, la jornada laboral ha ido disminuyendo hasta situarse ligeramente por debajo de las 38,5 horas semanales.

En los últimos años, sin embargo, este proceso se ha estancado y estamos en la franja alta cuando nos comparamos con algunos de nuestros principales socios, como Francia o Alemania.

La evidencia empírica señala que en países como Francia o Portugal, que han implementado reducciones de jornada en los últimos años, estas han sido compatibles con una mejora salarial y también una mejora de la productividad. Esa es la vía, ganar espacio y derechos para los trabajadores y hacerlo de manera compatible con una mejora del proceso continua del proceso productivo.

Estamos ante un esfuerzo colectivo, en el que tenemos que involucrarnos todos, todos aquellos con una responsabilidad. Un ejemplo de éxito que me gustaría señalar y que creo es muy significativo de cómo se puede hacer de manera exitosa este proceso, es el de la empresa hortofructícola Tany. Es una empresa extremeña, líder a nivel mundial en lo que se refiere a las frutas con hueso. De hecho, hace poco estuve visitándola y nos señalaban que todo el proceso productivo, desde la recogida de las frutas hasta ponerlas en hoteles de lujo en Asia, en este caso nos citaban un restaurante en Hong Kong, era un proceso que apenas llevaba dos días. Es decir, estamos hablando de una empresa líder a nivel internacional, y también señalar la calidad del producto extremeño. Pues bien, la empresa Tany lo que ha hecho es seguir avanzando en un proceso de digitalización, combinar ese proceso de crecimiento con un elemento de impacto social positivo para sus trabajadores. Están robotizando, están digitalizando su actividad y, a la vez, haciéndolo compatible con una reducción progresiva de la jornada, sin que ello afecte ni a salario ni al número de trabajadores. Están, en concreto, quitando el turno de noche para ser capaces de dar unas mejores condiciones laborales a sus trabajadores y ello lo están haciendo compatible con ese incremento de productividad y con un impacto social positivo para sus trabajadores y en su entorno.

Este es el camino que tenemos que seguir. Somos conscientes de las dificultades específicas que enfrentan algunos sectores o empresas, como puedan ser también las pymes, y de la importancia de acompañar a nuestro sector productivo en este proceso cuando se necesite.

De ahí, por lo tanto, la importancia de ese proceso de diálogo social que está abierto ahora mismo para llegar a un acuerdo con aportaciones de todos. Estoy convencido que existen suficientes elementos de flexibilidad para ser capaces de llegar a un acuerdo satisfactorio en el marco del diálogo social. De hecho, si no estoy mal informado, están reunidos ahora mismo, con lo cual es otro gran ejemplo de este esfuerzo colectivo que tenemos que hacer entre todos.

2. En segundo lugar, más allá del pleno empleo, es la preocupación por el crecimiento de la productividad y sus determinantes el otro gran objetivo de legislatura. Esto nos tiene que permitir que el crecimiento sea sostenible y que a largo plazo se traduzca en ganancias de bienestar.

Aumentos de la productividad, por supuesto, tienen capacidad de mejorar a nivel microeconómico la capacidad competitiva de nuestras empresas, pero también a nivel “macro” son el último determinante de nuestro crecimiento a largo plazo.

Los datos de empleo que he citado nos dan ya fe de la mejora que está habiendo en la modernización de nuestra estructura productiva. De hecho, esta transformación también se está traduciendo en una mayor productividad. Cuando vemos qué ha pasado con la productividad por hora en los últimos cinco años, el INE nos permite destacar que el cambio en la estructura sectorial explica en torno a dos tercios de la mejora en la productividad por hora. Es decir, la modernización de nuestra economía ya está suponiendo una mejora sustantiva.

Aquí me gustaría detenerme simplemente un minuto en uno de los principales determinantes de esta modernización de nuestra estructura productiva, como es el Plan de Recuperación.

El Plan de Recuperación, donde en su primera fase teníamos asignados 70.000 millones en transferencias y, de esos, el 97% ya ha sido convocado y han llegado ya a la economía real más de un 57%, es decir, 38.600 millones.

Volviendo al elemento de la importancia de nuestras pymes, me gustaría destacar la granularidad de estos fondos que han llegado a la economía real, señalando que casi el 40% de estos fondos que han llegado, de estos más de 38.600 millones, han llegado a las pequeñas y medianas empresas. Esto es clave, puesto que tenemos que seguir, tenemos que ser capaces de mantener un elevado esfuerzo inversor hacia adelante.

Una de las grandes dudas al inicio del Plan de Recuperación era hasta qué punto los fondos públicos, los fondos del Plan, iban a venir a sustituir inversiones que se hubieran hecho en cualquier caso o iban a venir a apalancar fondos adicionales. Pues bien, ya empezamos a tener buenas noticias también con respecto a esto. El Banco de España hace poco revelaba, en los datos de su encuesta sobre actividad empresarial, que un 75% de las empresas que realizan inversiones no las habrían realizado o solo lo habrían hecho parcialmente sin la financiación que ofrece el Plan de Recuperación. Es decir, el Plan está contribuyendo de manera efectiva al aumento de la inversión productiva en nuestro país.

Trabajamos ahora en el despliegue de la segunda del Plan, con nuevas medidas e instrumentos financieros que nos permitan trasladar esos más de 83.000 millones de financiación adicional que tenemos a nuestras pymes y a nuestros ciudadanos, para mantener ese impulso inversor hacia adelante.

Luego podemos hablar más en detalle de algunos de estos fondos:

o El Fondo de Resiliencia Autonómica, vehiculado por el Banco Europeo de Inversiones, para dar salida a proyectos de las comunidades autónomas.

o Las líneas ICO-Verde o ICO-Empresas, con más de 30.000 millones para favorecer las inversiones verdes y el crecimiento empresarial.

o El Fondo NexTech, de 4.000 millones para financiar proyectos digitales innovadores. Por cierto, que hoy el BEI confirma la inversión de 350 millones que permitirán la creación de un megafondo español con un tamaño objetivo de 1.000 millones para permitir apoyar a las startups innovadoras españolas.

Más allá de la disponibilidad de fondos procedentes del Plan de Recuperación, cabe destacar también las reformas que vienen asociadas al mismo y que permiten y permitirán ir aumentando la productividad y la inversión.

Me gustaría destacar una de ellas. La Ley Crea y Crece del año 2022, que promovía la financiación alternativa de las empresas y también ese crecimiento tan necesario en el ciclo de vida de estas, atendiendo elementos más innovadores como crowdfunding o capital riesgo para que un mayor número de empresas pudiera beneficiarse de estos mercados innovadores.

Hace poco de hecho hemos tenido una primera evaluación del impacto de los resultados de esta reforma y lo que vemos es que está promoviendo un mayor dinamismo en cuanto al crecimiento y a la creación de empresas, reforzando la constitución de sociedades mercantiles en España, y disminuyéndose también el número de entidades disueltas. Es decir, ya estamos viendo cómo este tipo de reformas están suponiendo un cambio estructural en la evolución de nuestras empresas.

En definitiva, la ambiciosa agenda de reformas e inversiones que está llevando a cabo el Gobierno en el marco del Plan de Recuperación y también a nivel europeo está permitiendo modernizar y actualizar la estructura productiva de nuestra economía. De hecho, como vemos en las últimas previsiones del Fondo Monetario Internacional, hay una previsión de una evolución muy dinámica de la inversión para este año y para año que viene, por encima del 4%, y se está traduciendo también en un incremento de nuestro crecimiento potencial que tradicionalmente estaba más lastrado y que ya el propio Fondo Monetario Internacional pone en el entorno o por encima del 2%.

Esto es clave, no sólo en términos de cuánto y cómo seremos capaces de crecer y de repartir, sino también para elementos como la sostenibilidad de nuestras cuentas públicas hacia adelante. También me gustaría señalar como factor de competitividad que refleja esa mejora la competitividad de la economía española al sector exterior.

Déjenme dar dos pinceladas, siendo una de ellas la aportación récord de los servicios no turísticos que estamos teniendo en nuestra balanza comercial. Esto es otra verdadera muestra del cambio estructural de la economía española, que han registrado un incremento del 57% de los últimos cinco años. Es decir, el sector exterior español se ve muy beneficiado por la evolución de las exportaciones turísticas, pero no solo los servicios turísticos, también los servicios no turísticos.

Además, cuando miramos lo que sucede con los servicios turísticos vemos un elemento de diversificación en este nuevo patrón de recepción de turistas. Diversificación en cuanto al origen de los turistas, diversificación en cuanto al patrón temporal de llegada, no estando tan concentrados en verano, y también diversificación en cuanto al lugar geográfico de llegada de los mismos, no siendo tanto turismo de costa y playa sino también más turismo de interior o incluso en el norte o turismo asociado por supuesto a nuestra excelente gastronomía.

Otra forma de verla, y por eso esto era el segundo dato más allá de los servicios no turísticos, de ver este elemento de competitividad, es la llegada de grandes inversiones extranjeras. Cuando miramos los nuevos proyectos de inversión extranjera directa en España, la base de datos del Financial Times sobre inversión extranjera directa nos permite hacer una comparación a nivel internacional de dónde se sitúa España. Pues bien, España entre 2018 y 2023 se sitúa como el cuarto país del mundo de mayor atracción de inversión extranjera para nuevos proyectos de inversión. Si miramos además en qué sectores se está concentrando esta inversión extranjera directa, somos el número uno, el mayor receptor global de proyectos greenfield en el sector de energías renovables. Somos además el segundo destino en proyectos de hidrógeno limpio. Ambos, sectores clave por supuesto para el objetivo de electrificación de nuestras economías. Terceros a nivel mundial en cuanto a recepción de proyectos que implican la realización de actividades de I+D o quintos en cuanto a proyectos sobre inteligencia artificial.

Son sólo una pequeña muestra de todo lo que está llegando y además de la calidad de los sectores donde está llegando esta inversión extranjera directa.

De hecho, esta percepción de los inversores extranjeros acerca de la propuesta de valor que supone España en estos sectores punteros la tengo y me la llevo cada vez que voy en un viaje internacional a países de nuestro entorno. De hecho, acabo de volver de Japón esta semana, donde hemos recibido recurrentes mensajes acerca de la calidad y el expertise de nuestras empresas en estos sectores punteros, incluyendo energías renovables.

Pero somos ambiciosos y somos conscientes de que hay que seguir avanzando. Hay que apoyar este proceso de modernización, de mejora de productividad y competitividad. ¿Qué queremos y qué estamos haciendo para seguir apoyando en este caso a nuestras empresas?

Déjenme que comparta algunas iniciativas en este caso:

Trámites burocráticos: somos conscientes de las obligaciones regulatorias que tienen que cumplir las empresas, que pueden suponer un volumen significativo de horas de trabajo y que además tienen un bajo rendimiento desde el punto de vista de la productividad. Lo que estamos haciendo, más allá de por supuesto ir trabajando en esa reducción progresiva de las cargas administrativas, estamos trabajando en una solución a corto plazo, una solución aprovechando las ventajas de las nuevas herramientas de inteligencia artificial para facilitar la labor de las empresas y, en particular, su relación con la Administración, abstrayendo complejidad y liberando horas para que puedan dedicarse a tareas de mayor valor, con la ganancia de productividad que ello conlleva. Estamos trabajando en soluciones de este tipo que beneficiarían, en especial, a nuestras pymes. En este ámbito estamos buscando favorecer también además el clima empresarial en línea con las recomendaciones del informe Letta sobre el mercado interior. Si recuerdan, Letta hablaba de un “régimen 28” a nivel europeo y este funcionaría en paralelo a los 27 Estados miembro y permitiría a las empresas un ‘fast track’, una vía rápida más ágil para poder operar a nivel de la Unión, sin someterse a la heterogeneidad de la normativa de las distintas normativas nacionales.

Este es un proyecto ambicioso y complejo, pero que en el cual se basa una de las razones de ser del proyecto europeo: el aprovechamiento de nuestro mercado interior, de esos 450 millones de clientes.

Nosotros queremos aterrizar esta recomendación a nivel nacional. Queremos explorar una vía similar, un “régimen 18” en este caso para nosotros, para algunos ámbitos concretos ya como caso piloto. Por ejemplo, en la distribución comercial, apoyándonos en las aportaciones de las CCAA, y para ello lo haremos a través de Conferencia Sectorial, donde trataremos de acotar áreas de desarrollo, de homogeneización de un enfoque regulatorio conjunto, que permita a las empresas aprovechar al máximo las ventajas del tamaño y tener, una vez más, un elemento positivo en cuanto a ganancia de productividad.

Hay que ser ambiciosos y, además de estas medidas concretas, seguir avanzando en el marco institucional tenemos que avanzar y dotarnos del mejor marco institucional. Tenemos que avanzar y dotarnos del mejor marco institucional para aprovechar al máximo el potencial de nuestra economía. Y un ejemplo de ello lo constituye el Consejo de Productividad, que ya está en una fase muy avanzada de su constitución puesto que ya hemos remitido al Consejo de Estado el último texto para solicitar su dictamen de cara, y esperemos que sea así, a una aprobación definitiva a lo largo de este mes. Ya señaló el otro día la vicepresidenta segunda que lo presentaríamos de manera conjunta, y así espero que sea en este mes de julio.

El Consejo y sus análisis van a ayudar, también en este objetivo clave, de que los debates sobre la competitividad empresarial no se queden en el ámbito académico, sino que se traduzcan en líneas de trabajo y en medidas concretas y visibles para nuestra economía.

Concluyo ya. En definitiva, no solo estamos en un buen momento, sino también nos encontramos ante una excelente ventana de oportunidad, en un punto de inflexión en cuanto a las posibilidades para nuestra economía a futuro.

Una vez superada la crisis del COVID, recuperada la senda de crecimiento previa y afrontando la segunda parte del Plan de Recuperación, tenemos que asegurarnos que nuestro modelo de crecimiento equilibrado sobrevive, perviva en los próximos años. Que tengamos una economía que vaya creciendo de manera fuerte, generando buenos empleos y reforzando la cohesión social; haciéndolo de manera sostenible, desde el ámbito medioambiental pero también sostenible desde el ámbito fiscal, porque somos conscientes, y lo estamos probando, que estos objetivos son compatibles entre sí. Se refuerzan en un círculo virtuoso.

Para ello, seguiremos eliminando obstáculos al crecimiento potencial, seguiremos favoreciendo inversiones productivas, apoyando además su financiación con las herramientas que tenemos a nuestro alcance y, por supuesto, con un elemento de colaboración público-privada también apalancándonos en nuestro sector financiero. Adaptando la formación de nuestros trabajadores a la economía de futuro para ser capaces de aprovechar los beneficios que se prometen en el marco de las herramientas de inteligencia artificial o, también, la nueva reindustrialización a través de la transición energética.

Permítanme terminar señalando que esta mirada de largo plazo, estos objetivos ambiciosos, deben hacerse siempre con un reconocible sello de justicia social. Justicia social, no sólo como principio moral o aspiración ética, que también, sino también como condición necesaria para el progreso y la prosperidad. Las sociedades con un mayor nivel de bienestar económico gozan también de elevados niveles de cohesión social. Todos los ciudadanos han de sentirse partícipes de este proyecto colectivo si no queremos que se avive el desafecto por las instituciones, por la política, y que sea vive el populismo. Justicia social entendida como garantía de los derechos de todos los ciudadanos, sin discriminación, y con una distribución justa del progreso, que permita a los individuos unas condiciones mínimas de vida digna, la igualdad de acceso a bienes básicos como la sanidad o la educación y el desarrollo completo de sus capacidades.

En definitiva, la justicia social como una condición necesaria para la libertad como derecho, como aspiración colectiva. Para ello es necesario el trabajo conjunto y la responsabilidad compartida de todos los actores sociales: el Estado, las Administraciones Públicas, los agentes económicos, los sindicatos, las organizaciones empresariales, las no gubernamentales, los medios de comunicación y la ciudadanía en general.

Muchísimas gracias.

[Transcripción realizada por el Departamento de Comunicación del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa]