El vicepresidente Carlos Cuerpo inaugura el acto "España verde y digital. El impacto del Plan de Recuperación"

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Muchas gracias. Gracias, Ernest (Urtasun), por tus palabras, que ya verás que coinciden en gran medida con las mías también. Gracias a Gregorio por acogernos tan amablemente en este escenario tan maravilloso, en el teatro.

Gracias a la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión por estar aquí, a todos los equipos de la Comisión. Es un placer tener aquí también a tantos amigos que están siendo parte de este proceso de éxito que es el Plan de Recuperación, tanto dentro de la Administración, empezando por Manolo (de la Rocha), como el resto de los equipos, como de las empresas que han sido y están siendo el artífice de este gran éxito.

Y es un placer estar aquí, un año además en el que este evento sobre los fondos del Plan de Recuperación tiene una connotación distinta, lo adelantaba el ministro, porque estamos llegando al final del Plan de Recuperación y es el momento de empezar ya a hacer balance, porque estamos o tenemos a nuestra disposición gran parte de la evidencia positiva sobre el impacto de este plan.

Un balance que habla, lo ha dicho el ministro, pero creo que hay que volver a repetirlo, de un éxito. Un éxito rotundo que constituye este Plan de Recuperación por un impacto que ya se está demostrando y está demostrando que un camino distinto era posible, un camino construido entre todos que está ayudando a transformar el modelo económico y social de nuestro país.

Y déjeme profundizar en este aspecto, en la transformación, porque efectivamente partimos de una respuesta distinta, una Europa que llegó al COVID, a la pandemia, con la lección aprendida y dispuesta a actuar con rapidez, con ambición, pero también con unidad, para evitar esos errores del pasado, unos errores que nos costaron más de diez años en términos de recuperación de niveles de PIB o de empleo previos a la crisis financiera, con una caída de la inversión pública y privada como principal canal de parálisis económica en la década que siguió a la crisis financiera.

Y frente a aquella respuesta, por supuesto, el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia suponía casi 725.000 millones de euros para que los Estados miembros acometieran inversiones y reformas que difícilmente, yo diría que hubiera sido imposible, llegaran por sí solos.

Por lo tanto, este enfoque diferencial, este acierto inicial, es sin duda el punto de partida de una historia de éxito, donde España, además, está protagonizando también una recuperación gracias a este plan, gracias a estos fondos rápida y sin cicatrices, España es un caso de éxito dentro del plan de recuperación.

A cierre del año 2025, España acumulaba diez puntos de crecimiento, en términos reales, sobre los niveles previos a la pandemia, a la cabeza de la zona euro.

Y el plan, además, como he dicho antes, es una parte determinante de esta evolución. De hecho, algunos estudios, por ejemplo el de Funcas, estiman que el plan podría haber aportado hasta dos puntos porcentuales al nivel de PIB entre el año 2021 y 2025. Esta aportación podría alcanzar incluso casi los tres puntos y medio a principios de la década de los 30, con un gran peso asociado no solo a las inversiones, sino también, de manera determinante, a las reformas.

Este es un elemento esencial que normalmente se olvida cuando hablamos del Plan de Recuperación, pero este esquema de incentivos positivos a través de una mayor financiación para las inversiones para avanzar en los proyectos de reformas estructurales es sin duda parte del éxito transformador de este plan.

Un éxito, como he dicho, que no se ha agotado con la amortiguación del COVID, con salir del COVID sin cicatrices, sino que nos ha garantizado una modernización, una transformación de nuestro tejido productivo, y este es sin duda el legado estructural del Plan de Recuperación.

Hemos arrastrado durante décadas desequilibrios en nuestra economía que lastraban nuestra capacidad de crecer y de competir de manera sostenible. Alto desempleo estructural, empresas con baja productividad y reducido tamaño y, por tanto, reducidos salarios, escasa inversión en I+D o capital humano, por citar solo algunos. Y estos son los desequilibrios a los que venía a atajar desde su diagnóstico el Plan de Recuperación.

Y podemos ver ya, como he dicho antes, algunas cifras que reflejan el éxito en ser capaces de enfrentar estos desequilibrios. Por ejemplo, en el ámbito laboral, cito una de las grandes reformas estructurales del plan. Gracias a la reforma laboral, España en los últimos cinco años ha aportado cantidad en cuanto a empleo, pero también calidad en el empleo creado.

Hemos creado, por ejemplo, en los últimos años, en torno al 50% de los nuevos empleos que se han creado en la Eurozona. Ya saben que somos apenas el 10% del tamaño de la misma. Pero también, como decía, una mayor calidad, no solo en cuanto a la mayor estabilidad, hemos convergido de manera rápida a la tasa de temporalidad de la Unión Europea, sino que, además, los sectores donde se han creado esos empleos son sectores de alto valor añadido y, por lo tanto, de mayores salarios. De hecho, en los últimos dos años y medio, el 50% de la creación de empleo se ha concentrado en los cinco sectores de mayores salarios de nuestra economía. Actividades de consultoría, ingeniería, investigación y desarrollo son las que presentan, en este caso, crecimientos muy superiores a la media, como he dicho, con salarios, además, significativamente más elevados, impulsando también, a la vez, nuestra productividad. España, como confirma la Comisión, además, he dicho anteriormente, hemos reducido nuestra tasa de temporalidad a niveles europeos y esto es particularmente importante para nuestros jóvenes o, incluso, también, para el empleo femenino.

Otra reforma esencial, y pasamos al mundo empresarial, es la Ley Crea y Crece. Es una reforma estructural que ha permitido, por ejemplo, que el ritmo de creación bruta de empresas haya subido más del 50%. Se creaban en torno a unas 8.200 empresas al mes antes de esta ley. Hoy día estamos hablando de más de 13.000. Este es el impacto positivo de una reforma estructural que está dando mucho de sí para nuestras empresas, para la creación, pero también para el crecimiento de las mismas.

También, otra reforma estructural importantísima, la Ley de Startups, ha contribuido a que España esté entre aquellos países que más rápido están desarrollando su ecosistema innovador. De hecho, se ha multiplicado por 2,3 en los últimos años, siendo el segundo que más rápido ha crecido en los últimos cinco años en toda Europa.

Además, si miramos el impacto positivo sobre las empresas del plan, por supuesto hay que acudir al elemento de la financiación. El mayor acceso al crédito que se ha triplicado en el caso de las empresas adjudicatarias del Plan de Recuperación, de fondos del plan.

Además, un elemento de aditividad. El Banco de España ya lo señala, 75% de las empresas que han recibido financiación del plan no habrían llevado a cabo las inversiones, o por lo menos no en la misma cantidad que lo han hecho, de no haber contado con el impulso del Plan de Recuperación.

Podemos ir más allá, el impacto de la Ley de Formación Profesional, por ejemplo, que está permitiendo un salto en materia de FP y en acercamiento de estas cualificaciones a las necesidades reales de nuestras empresas, con una empleabilidad por encima del 90% en el caso de los estudiantes de FP Dual.

Digitalización, que nos está convirtiendo también en líder en este ámbito. Por ejemplo, aquí el Banco de España acaba de evaluar uno de los programas de mayor penetración en nuestra economía, como es el Kit Digital, que ha alcanzado a más de 900.000 pymes y autónomos en el 90% de nuestros municipios. Y la conclusión del Banco de España es muy clara: el Kit Digital ha elevado la productividad de nuestras empresas en más de un 1%.

De nuevo, efectos positivos asociados a las reformas y a las inversiones de nuestro Plan de Recuperación, con un mecanismo que es exactamente el que vamos buscando: el aumentar la escala, el mejorar la eficiencia y concentrar, además, los esfuerzos también en el corazón de nuestro tejido productivo, como son nuestras pymes y nuestros autónomos.

Porque a la vez que íbamos reduciendo esa brecha de productividad, vamos aumentando también la convergencia entre regiones. Porque, de hecho, un elemento esencial que está ayudando al crecimiento en las distintas regiones de nuestro país es el haber conseguido tener una capa homogénea de distribución y de producción de energía gracias a la apuesta por las energías renovables. Y por eso me alegro que estéis aquí hoy, Teresa (Ribera), porque, desde luego, en este ámbito, yo creo que podemos tener bastante claro e incluso unanimidad en cuanto a los efectos transformadores de la apuesta de este Gobierno, tuya también, querida Teresa, y del Plan de Recuperación, por una mayor soberanía energética, una atracción de inversión que ha venido con ella y también una mayor competitividad para nuestras empresas.

El primer elemento, la soberanía, ha quedado muy claro, en este caso, debido al impacto amortiguado de las consecuencias de la guerra de Irán que hemos tenido en nuestro país. Ha sido un colchón que ha reducido la exposición de nuestra economía a la volatilidad de los mercados energéticos. Hay una cifra que solemos citar muy a menudo, pero que yo creo que habla a las claras de cómo nos hemos desconectado de estos mercados energéticos internacionales, reduciendo la factura de guerras como la guerra de Irán. En el 2019, el gas fijaba el precio de la electricidad tres de cada cuatro horas, el 75% de ellas. En este caso, en los primeros meses del 2026, esta cifra ha bajado del 75% al 9%. De nuevo, hablando a las claras de esta desconexión y, por lo tanto, de cómo España es más soberana, está más protegida, es más resiliente ante este tipo de shocks.

Como he dicho, esta apuesta se traduce también en un menor coste para nuestras empresas, en una mayor competitividad. De hecho, en el caso de las pymes, somos el cuarto país con menores costes de electricidad en la segunda mitad de 2025, solo por detrás de Dinamarca, Finlandia y Suecia.

Mayor soberanía, mayor competitividad, pero también mayor atracción de inversión, es decir, mayor confianza. Entre el año 2018 y el 2025, España es el segundo destino a nivel mundial de nuevos proyectos de inversión, inversión greenfield, en el ámbito de las energías renovables. Entre el 18 y el 2025. Esto no es, diríamos, un impacto de corto plazo, es un cambio estructural lo que ha supuesto este atractivo para la inversión.

De hecho, permítanme también anunciarles que hoy se publican los datos del registro de inversión extranjera para el primer trimestre del 2026 y, a pesar de este contexto internacional tan complejo, tan complicado que tenemos, España está reforzando su posicionamiento como hub de atracción de inversión con un aumento de la inversión extranjera productiva en nuestro país de un 22,6% respecto al primer trimestre del año pasado. Grandes polos de emisión para España, como son Estados Unidos, Francia o Reino Unido, prácticamente duplican su inversión con respecto al primer trimestre del año pasado, confirmando el atractivo y la confianza de los inversores en nuestro país.

Y, como decía, los datos evidencian que el legado más importante del Plan de Recuperación es, sin duda, esta nueva realidad económica y social, con un país más competitivo, más productivo, con una menor desigualdad, más innovador y con un incremento, como proxy, como resumen de todo este impacto, de nuestro PIB potencial. Un PIB potencial, por ejemplo, que el Banco de España estima en más del 2%, unas cifras que no hubiéramos podido ni imaginar hace apenas unos años, pero que son claves también, por ejemplo, para la sostenibilidad de nuestras cuentas públicas y hacer frente a retos tan importantes como el del envejecimiento en las próximas décadas.

Un modelo estructuralmente más fuerte y más sostenible.

Pero llegamos ya a la fase final del plan y hay que ir pensando en las siguientes etapas, más allá del esfuerzo final que queda por cerrar con éxito esta última fase. Y, en este caso, seguir reforzando el compromiso pleno de este Gobierno y de todos los niveles de la Administración, como bien decías, Ernest, para completar la ejecución del plan.

Para nosotros, como decía también, el camino más allá del Plan de Recuperación tiene que verse ya para dotar de una señal clara de permanencia, de estabilidad, de estos impulsos a la inversión para nuestras empresas. Y por eso estamos construyendo este nuevo fondo España Crece, en el marco del Instituto de Crédito Oficial, con una contribución al Instituto de Crédito Oficial por valor de más de 13.000 millones de euros procedentes del plan, 10.500 de ellos, para reforzar el colchón de capital de ICO y que pueda seguir actuando, en este caso, como una palanca para movilizar inversiones.

Esperamos que ICO, con este colchón de capital, pueda movilizar de manera directa hasta 60.000 millones. Juntando el esfuerzo, el apalancamiento que pueda conseguir del sector privado, esperamos que se pueda movilizar hasta 120.000 millones para seguir profundizando en esta transformación iniciada, gracias a los fondos del Plan de Recuperación, en las mismas líneas con las que se diseñó el propio Plan de Recuperación, apostando por esta doble dimensión que también articula nuestra discusión hoy, la transición verde, la transformación digital, apostando porque España sigue siendo una economía de vanguardia en todos estos ámbitos, y, además, con un elemento también que quiere hacer frente al principal reto que tenemos hoy día, como es el del acceso a la vivienda de manera asequible por nuestros ciudadanos, con gran parte de estos fondos también dedicados a este sector.

Datos indiscutibles, como he dicho, y un compromiso de seguir trabajando entre todos para modernizar nuestro tejido productivo y nuestra economía.

Pero cierro ya, intentando también, como ha hecho el ministro, cerrar con un mensaje hacia adelante, un mensaje optimista. Porque efectivamente el principal legado del plan es que ha sentado un precedente de éxito. Y yo creo que esto es algo que tenemos todos que interiorizar también, y de lo que tenemos todos que extraer conclusiones a futuro, en clave doméstica, pero también, esencialmente, en clave europea.

Es el resultado de un impulso fiscal con vocación transformadora. Son dos elementos que normalmente no suelen venir juntos, pero que hemos sabido instrumentar a través de una agenda conjunta, ambiciosa, de reformas y de inversiones que sirven para atajar esos grandes retos estructurales de nuestro país.

Un instrumento que, además, esto me gustaría decirlo, ha sabido adaptarse a lo largo de estos años también, gracias a la flexibilidad de la propia Comisión Europea, a los retos que han ido viniendo, como, por ejemplo, en nuestro caso, paliando el impacto de fenómenos climáticos extremos, como ha sido el caso de la dana en nuestro país.

El éxito de los fondos tiene que servir de base para definir la capacidad financiera común de la Unión Europea. Por ejemplo, en esta discusión que tenemos en el marco del Marco Financiero Plurianual, es decir, el presupuesto de la Unión para los próximos años, donde tenemos que poner a la altura de nuestras ambiciones, la ambición también, la altura, la capacidad, la profundidad, el tamaño de los fondos europeos y de esta capacidad de respuesta conjunta para proveernos todos de bienes, que también son bienes públicos conjuntos de la Unión Europea.

Muchas gracias.

Transcripción realizada por el Departamento de Comunicación del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa