El vicepresidente Carlos Cuerpo clausura la jornada "Competitividad para el crecimiento: la oportunidad de Europa"

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Gracias por la invitación, por permitirme estar aquí hoy en la clausura de este evento, hablando de un tema que me llega muy profundo al día a día del Ministerio y también, por supuesto, a la actuación y al corazón de nuestra actividad: la competitividad del sector bancario y el crecimiento de nuestras economías.

Es un placer, sé que ha habido un intercambio muy interesante a lo largo de toda la jornada, hablando de la fortaleza del sector bancario. Ya sabéis que soy un firme descensor del rol activo del sector bancario en las buenas cifras de la economía española, en esa recuperación tan rápida y robusta de las crisis que hemos tenido que sufrir desafortunadamente en los últimos años.

Como decía, fortaleza del sector, importancia de todo el esfuerzo que estamos haciendo, sobre todo a nivel europeo, de la simplificación de la normativa; el reto que sigue suponiendo la fragmentación a nivel europeo; la necesidad del refuerzo continuado de la arquitectura común; innovación tecnológica. Oportunidades que se están dando en el contexto actual que tienen esta vertiente de gran oportunidad, pero también de enorme reto para el sector y para nuestras economías.

Pero, si me permiten, voy a intentar dar un paso atrás en mi charla y hablar sobre, haciendo una reflexión un poco más de medio o largo plazo, o permanente, sobre la necesidad y la urgencia de tener un horizonte en el cual discutamos la importancia de la competitividad para el crecimiento en la Unión Europea.

Hay numerosas discusiones que se están dando de manera paralela. Unión de ahorro e inversiones, nuevo Marco Financiero Plurianual, el Industrial Accelerator Act, el nuevo fondo de competitividad del MFF, el Net Zero Industry Act, el reciente paquete también de la Comisión sobre refuerzo de soberanía tecnológica. Numerosos aspectos que tratan, en definitiva, de un mismo propósito, que es reforzar el crecimiento de nuestra Unión Europea, de nuestra economía. Es un mismo objetivo común que luego tiene distintas derivadas o distintos adjetivos.

Estamos hablando de autonomía estratégica, a la vez que hablamos de competitividad. Estábamos hablando, por supuesto, también de resiliencia a medio y largo plazo. Conceptos que son cada vez más complejos, sobre todo cuando le añadimos la capa de soberanía o de seguridad económica.

Pero para mí, al final, todo se resume en una pregunta sencilla que tiene dos vertientes. Una, la pregunta es si queremos o vamos a ser suficientemente ambiciosos para afrontar los retos que vienen. Yo creo que a esta pregunta podemos casi todos decir que sí, que estamos dispuestos a avanzar con el grado de ambición necesario.

Pero la segunda parte de la pregunta es más difícil y es si estamos dispuestos a hacer lo que es necesario para elevar nuestra actuación en línea con la ambición que tenemos que tener. Y ahí yo creo que hay dos elementos esenciales, sobre todo para las instituciones, los poderes públicos, pero también para el sector privado, en cuanto a esa ambición en la práctica y que determina nuestra capacidad de tomar decisiones. Uno es la agilidad con la que tomamos decisiones y otro es la escala de la respuesta o de estas decisiones que estamos tomando desde todos los ámbitos.

Es decir, hablar en definitiva de la gobernanza a la hora de modificar nuestras decisiones, de tomar reformas o de adelantar cambios en nuestro entorno normativo. Y también la capacidad de movilizar la financiación necesaria, los recursos necesarios a futuro, como decía, para avanzar en este gran objetivo compartido que es un mayor crecimiento de nuestras economías, un crecimiento que además, como diré en unos momentos, es un crecimiento con un propósito claro.

Ambos, tanto el elemento de agilidad o gobernanza como la escala de respuesta o capacidad de movilización de fondos, como he dicho, van a ser esenciales a la hora de definir si somos capaces de darle respuesta a esta ambición.

Permítanme también, cuando hablamos de estos dos elementos, como decía hace un momento, tengamos una mención al origen de estas discusiones, a la razón esencial de este proyecto de integración común europeo, que es que tenemos que ser capaces de asentarnos como un actor esencial a nivel político internacional, pero construyéndolo, este futuro, a través o basado y anclado en los valores que definen genuinamente a la Unión Europea y que nos han permitido, en otras ocasiones, actuar con ambición también y con una respuesta que ha estado a la altura, como hemos hecho, por ejemplo, en la creación de los fondos Next Gen ante el COVID, como hemos hecho también con el apoyo financiero a Ucrania, con una ambición que se ha traducido, cuando era necesario, en agilidad y contundencia y que nos ha permitido hacer todo esto, además, como he dicho, manteniendo los principales valores que definen a la Unión Europea. Desde, por supuesto, el valor de la solidaridad, el valor del respeto al derecho internacional, o también este avance que estamos haciendo en materia de la doble transición, transición energética y transformación digital, siempre con un vector de refuerzo del Estado del bienestar y de confianza de los ciudadanos que es esencial.

Voy a detenerme unos minutos en cada una de estas dos dimensiones que señalan, la dimensión de gobernanza y la de movilización de financiación. Quería empezar por esta segunda.

Cuando hablamos de movilización de financiación, por supuesto que nos tenemos que referir tanto al sector público como al sector privado.

Tenemos una discusión que ya ha empezado, está cogiendo velocidad, de hecho, estos días se va a discutir en el marco del Consejo Europeo, lo harán los líderes, que es la discusión del presupuesto europeo, el Marco Financiero Plurianual. Y todos somos conscientes de la enorme importancia que reviste esta discusión, dadas las enormes necesidades de inversión que ya hemos identificado, que lo hizo, de hecho, tanto Mario Draghi como Letta, hace ya casi dos años. Si tuviéramos que tener un euro por cada vez que se ha mencionado Draghi en esta sala esta mañana, seguro que alguno de vosotros ya tendría una comida prácticamente pagada esta mañana.

Pero bien, hay un elemento esencial. Estas necesidades, originalmente de 800.000 millones, luego aumentadas a 1,2 billones de euros al año para fortalecer la base industrial, avanzar en estas transiciones que mencionaba, reforzar nuestra seguridad y defensa. Y el entorno geopolítico es cada vez más exigente. Estamos hablando de llegar al 7% del PIB de la Unión Europea en inversiones año tras año.

Y mientras tanto, cuando vemos cómo se están planteando las negociaciones del Marco Financiero Plurianual, estamos viendo un Marco Financiero Plurianual que, a mi juicio, lejos de responder a estas necesidades, a este compromiso de una agenda de modernización, de transición con la cohesión social como eje vertebrador, es un marco que, si descontamos el repago de los fondos Next Gen, básicamente mantiene constante el tamaño del presupuesto europeo.

En este contexto, como decía, hay algunas prioridades europeas que van a tener, si la negociación terminara así, que sufrir recortes o bajadas de fondos. Entre otros, lo que plantea la propuesta actual es bajadas en algunas de las políticas tradicionales como la política de cohesión o la Política Agraria Común.

Mi pregunta es, ¿estamos dispuestos a hacer sacrificios en materia de seguridad alimentaria? ¿Estamos dispuestos a hacer sacrificios en materia de convergencia entre regiones a nivel europeo? ¿Es consistente, de nuevo, esta narrativa con la ambición que estamos teniendo a la hora de perseguir esos grandes objetivos, esta hoja de ruta de Letta o de Draghi?

Existen alternativas. Alternativas que estaremos defendiendo desde España en las discusiones sobre el Marco Financiero Plurianual. Alternativas algunas sencillas, como simplemente cambiar el calendario o el perfil de repago de los intereses de Next Gen.

Ahora mismo, la propuesta señala un perfil de repago constante en términos absolutos. Si lo cambiamos y le ponemos constante el porcentaje de PIB en términos relativos, se liberarían, con este simple cambio, para el siguiente Marco Financiero Plurianual en torno a 80 o 90 mil millones. Lo que permitiría, en gran parte, rellenar este vacío que queda ahora mismo sobre todo para las políticas tradicionales que comentaba anteriormente.

Alguna alternativa también a las propuestas que hay sobre la mesa actualmente, pues por supuesto seguir avanzando en la provisión conjunta de bienes públicos, como se hizo de manera rápida y ágil, por ejemplo, en el caso de defensa y seguridad, con el establecimiento del fondo SAFE de 150.000 millones.

El segundo canal de financiación que tenemos, por supuesto, hace referencia al sector privado. En este caso, diferenciando entre los mercados de capitales y el sector bancario.

En cuanto a mercados de capitales, desde luego el desafío es enorme. Sabemos que cuatro quintas partes de la inversión productiva en Europa proceden del sector privado. 10 billones de ahorros de los hogares que tienen forma simplemente de depósitos bancarios y que tenemos que movilizar. Esto es otra parte del diagnóstico ampliamente compartido y generalizado, pero que no deja de ser cierto.

Y ahí precisamente radican gran parte de las actuaciones que estamos llevando a cabo en materia de la Unión de Ahorro e Inversiones, y donde yo creo que en las últimas semanas hay motivos también para el optimismo en cuanto a los avances que se han conseguido. Optimismo moderado, si queremos, pero bueno, sigue siendo optimismo. En concreto en el Paquete de Supervisión y de Integración de Mercados, que como sabéis tiene ese objetivo de reducir la fragmentación, en particular entre infraestructuras de mercado europeas, y crear las condiciones para que de verdad haya un mercado paneuropeo y que nuestras plazas puedan competir a nivel internacional.

Esto no es un ajuste técnico menor, como ha habido en otras ocasiones en el ámbito de la Unión de Ahorro e Inversiones, estamos hablando de una reforma estructural que como he dicho sienta o pretende sentar las bases de un verdadero mercado paneuropeo.

En ese sentido, evidentemente, seguimos teniendo, lo sabemos todos, más de 300 centros de negociación en la Unión, 32 repositorios centrales de valores frente a uno, por ejemplo, en Estados Unidos.

Necesitamos reducir la fragmentación de la liquidez, necesitamos reducir los costes que ello supone, y también aumentar el atractivo del ecosistema europeo frente a otras jurisdicciones.

Porque el mensaje de los inversores es muy claro. Necesitan un entorno con escala, profundo y eficiente, verdadera concentración de liquidez y un flujo creíble, por supuesto, de empresas rentables que vayan acudiendo al mercado.

Y por lo tanto hay que proveer de ese entorno a los inversores y para ello está el Paquete de Integración y Supervisión de Mercados, como decía, que supone, entre otras cosas, un refuerzo de la supervisión a escala europea respondiendo con una lógica clara: que no puede haber un mercado verdaderamente integrado sin una aplicación homogénea de las normas.

En ese sentido, cuando hablaba de cierto optimismo, de optimismo moderado, me refería a los avances que hemos conseguido en las últimas semanas en el marco del E6, con un acuerdo político entre Alemania, Francia, Italia, Polonia, Países Bajos y España, sobre algunos de los elementos esenciales de este nuevo Paquete de Integración y Supervisión de Mercados. Como, por ejemplo, la supervisión centralizada de ESMA para infraestructuras de post-contratación y de forma condicionada también para las bolsas, dependiendo del tamaño y del crecimiento de las mismas. Mejora en la transparencia de mercados de negociación o también el fomento de la distribución transfronteriza de fondos con garantías de protección del inversor, que son, como sabemos todos, muy necesarias.

Evidentemente, el acuerdo alcanzado por el E6 no concluye las negociaciones, pero sí que habilita y ayuda a alcanzar de manera más rápida un acuerdo de A27 y yo creo que es un hito relevante que hemos conseguido en las últimas semanas.

Y termino este bloque hablando del sector bancario y del fondo de la discusión de esta mañana, la simplificación y competitividad del mismo.

Por supuesto, los esfuerzos de integración tienen que venir acompañados de un impulso decidido al sector bancario, que, como he dicho antes, está siendo protagonista en la canalización de fondos a nuestra economía productiva, ayudándonos a llevar a buen puerto todas las tareas, todos los objetivos que nos hemos marcado.

En la última década, y también seguro que se ha dicho en numerosas ocasiones, hemos conseguido reforzar nuestro marco, construir un sector financiero sólido y que ha demostrado su eficacia, incluso en condiciones de muy elevada incertidumbre, como hemos tenido en los últimos años, y esto es un legado fundamental hacia adelante.

Sin embargo, hay que adaptarse a las nuevas circunstancias, el contexto está cambiando, hay unas enormes necesidades de inversión, lo acabo de señalar, una competencia a nivel internacional creciente, también por parte de nuevos actores y un mercado bancario europeo que sigue estando demasiado fragmentado.

En este punto quería referirme a dos elementos clave, por supuesto la simplificación del marco bancario europeo y también la competitividad de nuestras empresas.

Aquí yo creo que no sorprenderá a nadie, la visión del Gobierno es muy clara, tenemos que avanzar en ambos aspectos, pero debemos hacerlo con, por supuesto, una aproximación equilibrada.

Hay que proteger la estabilidad financiera al tiempo que tenemos que asegurar que las entidades puedan competir en igualdad de condiciones y acompañar eficazmente a la economía real.

Esto es, a mi juicio, posible. Hay una pista de aterrizaje que asegure este equilibrio. Y algunas pautas o algunas ideas sobre cómo podemos y debemos, a mi juicio, avanzar.

En primer lugar, desde luego, seguir avanzando en la simplificación del marco regulatorio actual. El objetivo no es desregular, entendámonos bien, cuando hablamos de simplificación todos estamos de acuerdo, pero no todos tenemos exactamente la misma visión de lo que implica la simplificación.

A mi juicio, se trata de simplificar, mejorando el funcionamiento de la regulación actual, reduciendo solapamientos, aumentando la calidad de las normas, la eficiencia de la regulación, para que las entidades puedan tener más recursos disponibles, por supuesto, para financiar nuestra economía, para innovar, para avanzar en su transformación tecnológica.

En segundo lugar, reforzar al sector donde la presión internacional es más intensa. Estamos hablando, por ejemplo, servicios de mercados de capitales, de banca corporativa, de inversión, entre otros, incluyendo la compraventa de deuda pública.

En tercer lugar, este esfuerzo de simplificación, además, tiene que tener en cuenta, por supuesto, la diversidad de modelos bancarios de la Unión Europea. Un enfoque simplificado y proporcional, en el caso de las entidades de menor tamaño y menor riesgo, adecuando las obligaciones y las cargas a las mismas.

Otro elemento esencial, y que tiene que ver con lo que acabamos de discutir, es que los requerimientos de capital no pueden fijarse de forma aislada por las distintas autoridades. Necesitamos una visión de conjunto, y para ello España está impulsando una propuesta de creación de un foro de diálogo entre autoridades europeas que permita realizar este análisis de conjunto y reforzar la rendición de cuentas en coherencia con los requisitos de capital, con un análisis coste-beneficio que tenga en cuenta el impacto último y final en la financiación de nuestra economía.

En definitiva, como he dicho, queremos un marco más simple, más integrado y competitivo, que continúe garantizando la estabilidad, pero que también refuerce la capacidad de las entidades para impulsar la inversión y el crecimiento.

Y esto, este equilibrio entre competitividad y estabilidad financiera, es aún más importante en el contexto actual. La banca, el sistema financiero, necesita incorporar las innovaciones sin perder por el camino el elemento de estabilidad financiera que tiene que ver con la confianza, por supuesto, en este caso, de la ciudadanía, de sus propios clientes y de los inversores.

Y hablamos de innovaciones en aspectos tan importantes como: por supuesto, el sistema de pagos; el desarrollo del euro digital; la adaptación a la presencia creciente de stablecoins, la mayor parte de ellas respaldadas por el dólar; refuerzo de estándares de ciberseguridad ante unas amenazas crecientes, como estamos viendo en los últimos meses.

En definitiva, y como creo que ha señalado el gobernador esta mañana, un esfuerzo en el que necesitamos ir de la mano entre todos para ser capaces de enfrentar esta creciente necesidad de innovación, pero hacerlo, por supuesto, con un punto, como he dicho anteriormente, de confianza reforzada, es decir, sin dejar por el camino la estabilidad financiera.

Y termino con el segundo de los grandes vectores que he dicho al principio, que es el de la gobernanza, el de la agilidad en la toma de decisiones.

Esta es la mayor frustración que tenemos todos, yo creo, tanto desde el sector privado como desde el sector público, desde los gobiernos, cuando acordamos una hoja de ruta que todos compartimos, de la que todos sentimos la necesidad de llevar adelante; pero, por las chaquetas de fuerza, las restricciones que tenemos a nivel regulatorio y sobre todo institucional, no podemos llevar a cabo con la rapidez, con la agilidad suficiente y la frustración que esto nos genera. Decía Draghi en su informe, hablaba de estos 19 meses que cuesta o que conlleva sacar adelante una iniciativa desde el momento en el que se acuerda hasta el momento en el que ya está incrementada, y a esto hay que añadirle el tiempo que tardamos en ponernos de acuerdo y si nos llegamos a ponernos de acuerdo.

Por lo tanto, es otro de los elementos que hay que enfrentar de cara y, en este caso, intentar pensar en soluciones también innovadoras para renovar el marco institucional y tener un marco más ágil, más integrador que esté a la altura de los retos que estamos sufriendo.

Y aquí he mencionado ya el E6, este grupo informal que está resultando en una fuente de coordinación bastante ágil y efectiva, está ayudando a facilitar discusiones que normalmente tendían a retrasarse o atascarse incluso facilitando acuerdos. Y esto de nuevo yo creo que es un elemento, un impulso esencial para avanzar en proyectos que no siempre son fáciles, por eso llevan su tiempo.

Y aquí, no es ningún secreto, países como Italia, Francia, Alemania o España no siempre estamos de acuerdo al 100% en cómo abordar el tamaño de nuestro presupuesto, el diseño de la supervisión de nuestros mercados de capitales. Pero hay una voluntad compartida de mantener estos debates, de tener estos debates difíciles y, sobre todo, de llegar a soluciones para reforzar el marco comunitario. Y esto es un cambio sustantivo y una mejora en nuestra arquitectura institucional.

Y, a la vez, que ha surgido este E6, de hecho antes y como precursor hay más iniciativas que avanzan en estas coaliciones de países voluntarios, estas 'coalitions of the willing'. De hecho, aquí España ha sido pionera con el desarrollo del Laboratorio de Competitividad que pusimos en marcha hace un año y medio ya y que se ha instalado como una herramienta eficaz de impulso a proyectos de integración y que ha permitido alcanzar algunos acuerdos.

Aquí, cómo funciona este laboratorio, simplemente permite a países interesados en explorar de manera conjunta proyectos de integración que lo hagan sin tener que esperar a que todo el mundo esté de acuerdo y por lo tanto puedan avanzar desde el primer momento en explorar las ventajas, los beneficios de este tipo de proyectos conjuntos. Y los que quieran irse sumando a esta iniciativa, que cuenta con el apoyo y la colaboración de la Comisión Europea, pues se puedan sumar en cualquier momento.

¿Cuál es el objetivo principal, a mi juicio, de estas coaliciones de países voluntarios? Es que no perdamos tiempo en avanzar en proyectos donde ya tenemos un impulso político claro. Y que los beneficios de esos proyectos, conforme se van implementando, reduzcan el coste político que pueden tener los países no pertenecientes a este tipo de proyectos para que entren. Y, por lo tanto, podamos, desde abajo, fomentar el desarrollo de estos proyectos integradores.

Ya tenemos dos ejemplos claros.

El primero de ellos es la etiqueta Finance Europe, que está diseñada para movilizar ahorro minorista hacia proyectos de inversión en nuestro continente.

Y el segundo es la Plataforma Europea de Titulizaciones, como saben, que está destinada a revitalizar este mercado, reduciendo también barreras regulatorias, enfrentando temas tan importantes como la falta de estandarización en este mercado, facilitando de nuevo la canalización de financiación hacia pymes o autónomos de manera concreta.

Y termino ya, con un mensaje que quiero que sea optimista, y no solo porque es viernes y tenemos que subir la moral a las puertas del fin de semana, sino porque estoy convencido de que tenemos que creer en lo que viene en Europa, en el contexto europeo y en nuestras capacidades para enfrentar estos retos en este momento.

Hemos entendido, yo creo, todos el alcance del reto al que nos enfrentamos. Tenemos un diagnóstico y unas recomendaciones certeras y, de nuevo, compartidas.

Y somos conscientes de que tenemos todas las piezas necesarias para llevar adelante estas recomendaciones, desde el ahorro hasta el talento. Todos los activos están disponibles en nuestro continente.

Lo que necesitamos es la valentía. La valentía de tomar las decisiones. Una valentía que acompañe, como dije al principio, a esa ambición que conllevan el diagnóstico, la hoja de ruta y las recomendaciones. Y esta valentía requiere también, en gran medida, superar algunos debates que están caducos y para ello hay que tener una visión de largo plazo.

Porque quedan retos pendientes, evidentemente, algunos ya mencionados hoy sobre la competitividad entre otros del sector bancario; pero no nos olvidemos de la Unión Bancaria, no nos olvidemos de la necesidad de reforzar el rol internacional del euro. Y déjenme dar dos pinceladas en estos dos ámbitos.

Cuando hablamos, evidentemente, de valentía, desde España vamos a seguir empujando e impulsando decididamente un fondo de garantía de depósitos común europeo, que junto con el FUR [Fondo Único de Resolución] ya existente, permita alinear las responsabilidades de supervisión y de gestión de crisis.

Podemos explorar, por supuesto, soluciones transitorias, pero que en última instancia nos lleven a ese objetivo final, que son redes verdaderamente europeas. Y solo así conseguiremos una verdadera integración de la unión bancaria.

Y en el segundo ámbito tampoco nos vamos a esconder. Tenemos claro cuál es el diagnóstico y vamos a seguir impulsando por la existencia y la creación de un verdadero activo seguro europeo, un verdadero safe asset, que impulse, por supuesto, la liquidez y la profundidad del mercado de emisiones de deuda en euros; potencie nuestro otro activo como continente, eleve el rol internacional del euro y mejore nuestras condiciones de financiación, tanto de los soberanos como también del sector privado.

En definitiva, y ya cierro con esto, nuestra capacidad de competir no va a decidirse en una sola reforma ni en un único instrumento. Se decidirá por la capacidad que vamos a tener de actuar en coherencia en todos los frentes que tenemos abiertos.

Por lo tanto, les invito, en este caso, a continuar avanzando, a continuar remando juntos para conseguirlo haciendo, desde luego, de la Unión Europea, ese proyecto ambicioso con un propósito claro, que es seguir mejorando el día a día y el bienestar de nuestros ciudadanos.

Muchas gracias.

Transcripción realizada por el Departamento de Comunicación del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa